Escuchar hablar de la “transformación digital” que están sufriendo las empresas no es nada nuevo para nosotros. Pero quizás sí lo es para las compañías que día a día se encuentran envueltas en este cúmulo de cambios, obligadas a renovarse y, sobre todo, a estar al día de las últimas novedades. Los pequeños cambios o adaptaciones que persiguen los empresarios suponen una serie de innovaciones que hace que lo que se consideraba hasta ahora útil y necesario, quede completamente obsoleto. Esto es lo que conocemos como tecnología disruptiva.

 

¿Qué es la tecnología disruptiva?

Cuando hablamos de este tipo de tecnología, nos referimos a aquella que desplaza a lo que ya existe, y lo sustituye por algo completamente nuevo. Es decir, no se realizan mejoras, se busca eliminar a las marcas que dominan el mercado, y posicionarse en él.
Esta técnica puede ser de dos tipos: tecnologías de bajas prestaciones, dirigidas a un consumidor poco exigente y con un nivel de ingresos bastante bajo, y las de nuevos mercados, en las que los consumidores comienzan a utilizar productos que hasta ahora no empleaban.
A menudo somos conscientes de que la sociedad y, sobre todo, la tecnología va cambiando, pero lo cierto es que no nos paramos a pensar que con el uso de los nuevos dispositivos dejamos de utilizar otros. Esto es la base fundamental de la tecnología disruptiva. Por ejemplo:

Máquina de escribir – ordenador: el uso del ordenador no solo cambió la forma de escribir, sino la forma de relacionarnos. El correo electrónico desplazó a la comunicación a través de cartas escritas a mano.

Telefonía fija – telefonía móvil: los móviles nos dieron la posibilidad de llamar desde cualquier lugar, transformaron la industria de las comunicaciones.

Ordenador de escritorio – portátil: un ordenador portátil permiten trabajar desde cualquier lugar, conectarse a redes corporativas. Además, la posibilidad de trabajar en la nube permite estar activo desde cualquier sitio.

Telefonía móvil – smartphones: los dispositivos inteligentes con sus apps, cámara, reproductores… han llegado incluso a desplazar a los ordenadores.

Mensajería SMS – Whatsapp: la mensajería instantánea a través de Whatsapp ha sustituido a los mensajes de texto. Y lo mismo está pasando con Skype, que cada vez se utiliza más para hacer llamadas.
Enseñanza presencial – online: a través de las escuelas virtuales, la educación se desprende de las barreras geográficas y existe más interacción individual entre el alumno y el profesor.

 

Disrupción del mercado

Las empresas deben adaptarse a todos estos cambios si quieren alcanzar el éxito, pero deben hacerlo de forma radical. Algunas compañías son ellas mismas un modelo de negocio disruptivo, o desarrollan productos de innovación disruptiva.

  • Apple con la creación de su iPhone marcó un antes y un después en el mercado de telefonía móvil. Creó un producto que desplazó a otros teléfonos similares.
  • La marca Nespresso revolucionó el sector del café con la comercialización de sus cápsulas, y forzó de alguna manera al resto de marcas a elaborar productos similares para no ser aplastados.

 

Negocios como Zara, Ikea, Alain Afflelou… son ejemplos de disrupción de mercados tan tradicionales como el textil, mobiliario o el óptico. Normalmente las grandes innovaciones surgen cuando el mercado está ya muy saturado. Cuando parece que ya está todo inventado y que nada más nos va a sorprender, aparece una idea de negocio completamente diferente que rompe con lo que hay. La clave está en saber identificar qué valor aporta al negocio esta innovación y qué va a suponer.

Clayton M. Christensen, profesor de la Harvard Business School, en 1995 presentó su artículo DisruptiveTechnologies: “Catchingthe Wave, en el que teorizaba sobre las innovaciones disruptivas. Y gracias a él, muchos empresarios se han dado cuenta de la necesidad de ser más audaces y saber utilizar la tecnología como herramienta clave para diferenciación frente a su competencia. La innovación disruptiva es una gran oportunidad para ellos, y la clave es identificar el momento para cambiar. Adaptarse o morir.

 

 

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